Hablaremos de un posible comienzo de la creación humana…
Los seres humanos somos los únicos entes de toda la naturaleza que nos preguntamos por nuestro origen, nuestro destino y el sentido de la existencia. ¿Quiénes somos? ¿En qué consiste ser humano? ¿De dónde venimos? ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Desaparecerá alguna vez la humanidad? Son preguntas que a menudo parecen no tener respuesta.
Lógicamente, todo creyente de una religión tiene una contestación: «Nos creó Dios». Pero el asunto no es tan sencillo. Miles o millones de personas se preguntarían entonces quién creó a Dios, a lo que la respuesta típica ya la conocemos: «Dios se creó a sí mismo». Sin embargo, esa respuesta no nos basta; necesitamos una explicación lógica y con pruebas tangibles, ya que a veces hacemos preguntas y damos respuestas un poco alejadas de la razón.
Si nos vamos muy atrás en el tiempo, la ciencia reconoce que existieron entre cuatro y siete especies de homínidos que fueron los precursores de lo que somos hoy en día. Quizás suene descabellado, pero no es un cuento: esas especies se mezclaron y terminaron creando lo que conocemos como Homo sapiens. Hoy tenemos conocimiento de una hembra llamada Lucy, que se estima vivió hace 3,2 millones de años, o del llamado Niño de Turkana, que vivió hace 1,6 millones de años.
Acerquémonos más a nuestra época y viajemos a las cuevas de Altamira, en España. Hoy en día está confirmado que las pinturas que albergan datan de hace más de 35 000 años. Como vemos, el hombre —o especies muy similares con suficiente inteligencia para crear, pintar y comunicarse entre sí— proviene de un pasado muy remoto.
Por otro lado, los textos de las tablillas sumerias y acadias datan oficialmente de hace más de 5000 años. Sin embargo, quienes las estudiamos buscando la «puerta trasera» podríamos hablar de más de 15 000 años. En estas tablillas se cuentan muchas cosas, como que unos seres venidos de un lugar indeterminado crearon al hombre tal como somos a base de mutaciones genéticas de otras especies. Aun así, esto debe tomarse con cautela porque, como suelo decir, las historias de boca en boca suelen medir un metro más que la realidad.
En dichas tablillas también se habla de medicina, de matemáticas complejas y de astronomía, conocimientos que la ciencia actual está redescubriendo. Por desgracia, muchas tablillas que pudieron habernos enseñado el verdadero comienzo de nuestra especie fueron destruidas; las que se salvaron apenas representan un 5% del total. Estas tablillas son muy reales, aunque muchas religiones quieran desprestigiar sus orígenes. También hablan de religión, pero no como se concibe hoy en día; describen a una serie de dioses que, expresado vulgarmente, comían, bebían, orinaban y defecaban.
¿De dónde procedían esos dioses? Especulaciones hay muchas e hipótesis por cientos. La más nombrada es que eran «marcianitos», pero unos marcianitos muy humanos. Si buscamos y rebuscamos en la historia, encontramos las piezas de un rompecabezas interminable: de extraterrestres no hay nada; solo hay una especie que logró desarrollar sus conocimientos más que las demás, y eso marcó la diferencia.
Hace unos años estudié un cataclismo que pudo ocurrir hace unos 70 000 años. Aquel evento provocó la ruptura de un territorio. No hablo de la Atlántida, sino de la unión entre Europa y África, que a causa de este gran cataclismo se separaron, creando lo que hoy conocemos como el mar Mediterráneo. El desastre destruyó a todo ser vivo de la zona en un abrir y cerrar de ojos, hasta que las aguas retrocedieron y la vida emergió de nuevo.
Pero no todo murió. Las especies que vivían en las montañas altas pudieron salvarse, como ocurrió en el monte Ararat (y de ahí nace la leyenda, pues es el lugar donde el Génesis ubica el estacionamiento del arca tras el diluvio). Cerca de allí se encuentran las cuevas de Shanidar, donde se hallaron restos humanos de entre 60 000 y 80 000 años de antigüedad. ¿Son esos los "dioses"? Según los estudios, esta especie de Homo neanderthalensis era inteligente y ya dominaba la agricultura y la ganadería.
La cueva de Shanidar se localiza en los montes Zagros de Irak, muy cerca de la frontera con Turquía, en la región del Kurdistán. Su importancia reside en cuestiones fundamentales: todo el Próximo Oriente es clave para entender una parte muy importante de la evolución humana en el último millón de años. Los vestigios arqueológicos de Shanidar nos hablan de una población prehistórica notablemente avanzada que resistió ante el avance de otras especies.
Cerca de esos lugares se encontraron miles de tablillas de barro sumerias y acadias. Gracias a ellas se pudo aprender una parte de la historia de la humanidad y comprender muchos versos bíblicos. En algunas se habla de una raza superior que llamamos «mitología»... pero ¿es mito o realidad? En los textos estaba escrito: «...Y del cielo bajaron a la tierra (KI)». Sin embargo, yo doy otra interpretación: de la montaña bajaron al valle (la tierra, KI).
Lógicamente, hablamos de los famosos Anunnaki. En mis investigaciones encontré otra respuesta para ese nombre: An-Ki (Cielo y Tierra). Se dice que el dios Anu y su esposa vivían en lo más alto del cielo; para los habitantes del valle, la montaña sin duda sería lo más alto del cielo. Hay razones para creer que las cuevas de Shanidar eran la casa de Anu, donde viviría junto a su consorte, sus hijos y otros miembros de su misma especie. Posiblemente, esta especie de Homo bajó de la montaña a la tierra plana y se mezcló con los habitantes del valle, apoderándose de lo que llamaban el Edán (Edén).
La Biblia dice que Dios enseñó a Caín y a Abel a sembrar y a pastorear. Lógicamente, si este Homo de la montaña ya tenía esos conocimientos, para los habitantes del valle parecerían dioses o seres poderosos. De esta forma, hipotéticamente, comenzaría el principio de un fin. Nació la creación de una nueva especie de Homo sapiens: el A-dam, una mezcla de varias especies.





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